
Ok, puede que ya te hayas decidido por bóxer o slip. Pero las elecciones en la vida del hombre son una constante y sobre todo en aquellos aspectos que definen nuestro género sexual. No solamente determinamos las características de nuestra virilidad mediante la elección de nuestra ropa interior, sino en otras elecciones tan cruciales como: ¿rubias o morochas?, ¿altas o bajas? y ¿vino o cerveza? Esta vez, les propongo camaradas, un apasionante debate sobre la oferta carnal que nos hace la figura femenina en materia de curvas: senos o trasero… esa es la cuestión.
Partamos de una premisa: la mujer perfecta no existe. O si existe sale con algún famoso como Brad Pitt o Matt Damon, pero en todo caso es bastante inaccesible. Por eso generalmente nuestro paladar debe optar por una sola virtud curvosa en el cuerpo de la mujer: o unos buenos senos o un lindo trasero. Pero ¿con cual quedarnos? Difícil elección que probablemente solo sepamos responder sin lógica alguna y resguardándonos en la decisión que tome nuestro paladar personal. Pero analicemos aquí algunas cuestiones relativas a esta elección.
Las muchachas que poseen un amplio busto son una tentación tanto como aquellas que arrastran miradas a su baja espalda. Sin embargo, tanto un pecho voluptuoso y como unas buenas sentaderas tiene sus pro y sus contra.
Por ejemplo. A la hora de ir a la cama las chicas cuyo mayor relieve se encuentra en la zona del escote, ofrecen la posibilidad de algunas “jueguitos” extra que quedan prácticamente descartados cuando estamos en presencia de una muchacha “plana”. Pero generalmente, las chicas con buenas redondeces delanteras, suelen ser un poco más propensas a acumular algún que otro kilito de más.
Por el contrario, las que han sido dotadas con una buena figura trasera suelen ser mujeres generalmente delgadas, que suelen acompañar dicho rasgo con un interesante par de piernas y probablemente no exhiban ningún desbarajuste físico ni siquiera cuando estén completamente expuestas a la mirada de un hombre sin ropas mediante.
Contra para las chicas de amplio busto: la gravedad hace estragos. El paso del tiempo agrava dicho efecto y aquel paraíso doble que en algún momento estaba apenas unos centímetros por debajo del cuello, con el tiempo puede llegar a convertirse en vecino del ombligo. Además, hoy día las cirugías estéticas hacen maravillas y pueden convertir a una llanura en una zona montañosa con un sencillo paso por el quirófano.
En conclusión: no es que los hombres seamos exigentes, sino que somos tan amplios en nuestro paladar que aceptamos la belleza en todas sus expresiones.
Imagenes: noticiasdot y arbelaez













