
Hace ya mucho tiempo, en el país con forma de bota, nació una bella niña a la que pusieron por nombre Carla. Con el tiempo fue creciendo y se convirtió en una espigada joven que seducía con su particular belleza, entre felina e inteligente.
El salto a las pasarelas estaba servido y con su elegancia sedujo al público masculino y a los diseñadores más importantes. Carla es todo un ejemplo porque sin tener demasiadas curvas se ha convertido en un mito erótico de nuestro tiempo.
Con una imagen completamente opuesta a las recauchutadas actrices que pueblan las pantallas, Carla se ofrece natural ante la cámara, con una imagen sensual, dulce y sumisa. Su matrimonio con el presidente francés, Sarkozy, ha provocado que corran ríos de tinta sobre su ambición pero nada más lejos de la realidad.
Consideramos bastante machista pensar que si una mujer guapa se enamora de un hombre de más edad sea sólo por su dinero. Bruni era ya económicamente independiente y la belleza no siempre tiene que ser comprada por la billetera.
Por su elegancia y su clase está causando sensación en todos los países que visita como mujer del presidente galo. Ojalá aprendieran muchas otras lo que significa tan importante cargo. La elegancia y la simpatía también deben ir incluídas en el cargo, no todo va a ser cobrar y cantar…
Imagen: El mundo.













