Es indiscutible: los emos, los rastas, los góticos, los maqueros, los nerds… Todos los miembros de una tribu urbana o su equivalente profesional disfrutan de algo que tú, hombre respetuoso de su imagen y alejado de los dictados de la moda, no tienes: una identidad reconocible. Es decir: una imagen llena de sentido que le dice al mundo: Esto soy y no estoy dispuesto a menos.
Desde luego, ese enunciado proferido por los uniformes de la moda alternativa ha perdido su eficacia, y es tan virulento y auténtico como el cuero sintético de las chupas del motoquero de fin de semana. Sin embargo, hay una verdad de perogrullo en esto de salir de Halloween en marzo que no se puede ignorar: Cómo te ven, te tratan.
Así que, por lo menos por un tiempo, por lo menos una vez, date el lujo de verte como te sientes, o como crees que deberías verte. Si las mujeres lo hacen, y les resulta (nadie elije un vestido rojo porque sí), ¿a qué esperas?
Se rudo, se original, se formal, pero se algo que deje una huella. Y entre más minotaria sea tu imagen, y más breve su exposición, más indeleble será su impronta, incluso en aquellos que creen conocerte.
Fuente: Squire













