Los Sex Pistols dieron una gran enseñanza a los hombres del mundo a mitad de los setenta: se puede ser feo y no tener la menor idea de música, y aún así ser una estrella rockera. La música llegó después, pero la esencia sigue siendo la misma: hay que cantar.
Por que, vamos a ser sinceros, aunque el momento Kumbayá sea lo detestable que es, ¿alrededor de quien se ubican las mujeres en una fiesta? ¿Alrededor del tío que lleva tres cervezas encima y ofrece su lustros0 y lampiño pecho o del hombre que canta una canción acompañado de su guitarra? Hay cosas que no cambian, y los estereotipos están en lo alto de la lista.
Y, por otra parte, está la música.
Filósofos y lingüistas definen a la música como el lenguaje primordial, el mejor acicate de la memoria, ese elemento que acompaña, como un telón de fondo, a la mayor parte de nuestro pasado (una canción puede traernos, de golpe, todo un instante con absoluta fidelidad). El que toca una canción (y no exageramos) se pone por encima de las palabras y del tiempo.
¿Te parece que mereces menos ese lugar que Arjona?
Fuente: Squire
Imagen: Mi Artista













